Ella desapareció y te contamos qué pasó

 

Es sábado a mediodía, el cielo está lleno de nubes oscuras, lleva toda la mañana lloviendo y desde la ventana se ve la calle llena de charcos, Marisa acaba de levantarse de la cama y va hacia la cocina. Anoche salió con Javier hasta la madrugada, acabaron la noche besándose en el coche, ahora tiene resaca y un buen catarro, el frío que había pasado la víspera se le ha metido en los huesos, por eso está envuelta en su cálida bata de invierno.

La noche pasada le ha dejado un cierto regusto amargo, Javier no le gusta pero hace que se sienta admirada y , entonces, sale de ella lo mejor de sí misma, se muestra resuelta y fuerte. Ese es el motivo porque el que ha salido con él un par de veces y, en ambas ocasiones, se ha mostrado coqueta y ha dejado ver que se siente atraída, de esta manera disfruta de una sensación de poder y bienestar que dura poco, como mucho hasta la hora de despertar por la mañana. Aún no ha decidido si merece la pena cuando lo compara con la culpabilidad que le invade al día siguiente.

Su compañera de piso y mejor amiga, Menchu, le da los buenos días con ironía, ella ya se está preparando la comida mientras Marisa se hace un café con leche con cara de pocos amigos, no quiere que le pregunte nadie por su salida con Javier pero su amiga le sorprende con una información: anoche en el Txistu vio a Koke. Acto seguido se calla, mal síntoma, no contar más quiere decir que lo que ha visto no le va a gustar a Marisa así que lucha consigo misma por no preguntar pero termina cediendo y quiere saber qué estaba haciendo pero, sobre todo con quién.

Su amiga le contesta dando la espalda, otro mal síntoma.

  • Estaba con un grupo, amigos supongo, me dijo que te llamaría un día de estos, quiero decir, que te llamaría pronto y también me preguntó cómo estabas porque había estado muy liado y hacía tiempo que no sabía de ti.

Tiempo hace, sí, exactamente cinco semanas desde la última vez que pasó la noche en su casa, la información de su amiga alimenta la ansiedad continua que le supone su relación, mejor decir su no-relación con Koke. Le supondría un gran dolor y un verdadero alivio decidir que entre ellos no hay nada, que ha habido algunos episodios de sexo casual envueltos de falsa amistad y que, ahora mismo, ni siquiera hay eso, probablemente. Es (¿era?) una relación que Marisa analizaba por indicios, por palabras que se escapan y sus conclusiones siempre incluían el “probablemente”, nunca ha habido un expresión clara de si hay sentimientos entre ellos o no, ella no pregunta, le daría vergüenza. Por eso espera incansablemente el siguiente contacto, lo que sea, un like en Facebook, un whatsapp, una llamada. No se atreve ni siquiera a dar un paso adelante y provocar alguna reacción con una publicación en las redes o enviando un vídeo divertido por teléfono.

Esta situación la ha vivido, con pocas variaciones, en muchas ocasiones, casi tantas como romances ha tenido, a lo largo de muchos años. Conoce bien los cambiantes estados de ánimo que hay que atravesar pero éstos siguen doliendo como la primera vez o, incluso, cada vez más, será porque cuando te haces mayor te recuperas peor, piensa.

Menchu parece estar esperando una reacción que no llega, no le queda más remedio que seguir hablando, es necesario que lo sepa:

  • En realidad iba junto a una mujer, una mujer joven- a continuación trata de trivializar- aunque lo de joven quiere decir en realidad más joven que nosotras, eso es fácil ¿no te parece?

La invitación a tomarlo a broma no surte efecto y las palabras de su compañera le hieren profundamente pero tiene mucho interés en que no se dé cuenta de lo muy dolida que se siente, eso es tan importante que todo lo demás pasa a segundo plano.

  • Él sabrá, es un hombre libre en un país libre.
  • Me alegro que te lo tomes así, me preocupaba decírtelo y hacerte daño o no decírtelo y que siguieras esperando.

Marisa reacciona con irritación siempre que la conversación llega a este punto, así que asegura varias veces seguidas que solo son amigos y que ella de ninguna manera, absolutamente de ninguna manera, espera nada de él. Menchu está acostumbrada a esta contestación y nunca se la cree pero afirma sin convencimiento que se alegra de que sea así.

Para apoyar su afirmación Marisa anuncia que esta noche va a volver a salir con Javier, el hombre no le había despertado ninguna emoción medianamente intensa pero, en este preciso instante, decide que cuando le llame para invitarla contestará que sí.

Vuelve a su cuarto repasando sus propias palabras, solo eran amigos, fue lo que le dijo Koke recién acababan de hacer el amor, Marisa sonrió haciendo ver que ella también pensaba lo mismo, la cara como un cartón, le dolieron los músculos de las mejillas por intentar mantener la expresión afable pero, mientras, sus pensamientos daban vueltas a esa maldición que vivía de sustituir la ternura natural en esos momentos por una conversación destinada a banalizar lo ocurrido en esa misma cama. Quiso consolarse con las palabras afectuosas que también hubo en muchos de esos momentos pero las percibió como una muestra de culpabilidad y, lo peor de todo, estaban impregnadas de lástima.

Públicamente defendía la opinión de que el sexo por amistad era una opción interesante para mujeres profesionales libres de estereotipos y la defendía con la misma intensidad que el dolor que había sentido cada vez que había tenido que aceptar una situación así, cuando notaba cómo se abría una herida en su interior y tenía que emplear todas sus energías en anestesiarla.

El sonido de un mensaje le trae una tenue esperanza de que sea Koke, pero no es él, lo sabía, es Javier dando alegremente los buenos días. Sopesa no contestar, no está de humor, pero, en su lugar, contesta de forma inmediata en el mismo tono juguetón que él, incluso estando sola en su dormitorio se mantiene en guardia protegiendo su secreta decepción. Aunque acuerdan salir a cenar se permite a sí misma anular en el último momento la cita si le apetece (¿no se lo han hecho a ella en otras ocasiones?).

Casi a la hora acordada se viste y, repentinamente, pone todo su interés en aparecer de la forma más atractiva posible, nada mejor que los ojos de adoración de Javier para sentirse bien, se calza unos tacones altísimos que compró para una cita especial con Koke, aquella en la que creyó firmemente que, esta vez sí, iniciarían una relación amorosa auténtica. Mientras sale de casa le persiguen recuerdos de aquella cita y de los esfuerzos que tuvo que hacer en aquel momento para no romperse porque el resultado fue el mismo de siempre.

————————————————————————————————————

Había iniciado un período de “ponérselo difícil” que, según un coach de Youtube, hacía milagros así que no contactó con Koke por ningún medio y él terminó llamando, con gran esfuerzo Marisa dijo que no podía ese día que quizás otro, pero puso demasiado interés en acordar cuál sería ese otro día. Demasiado, pensó según colgaba el teléfono, porque, a fin de cuentas, incluso en esa conversación en la que ella debería despertar interés, fue él quien acabó la conversación, dejando claro que ya había invertido suficiente tiempo. Sin embargo, de algo debió servir porque varios días después volvió a llamar, esta vez con más interés que nunca, el tono de voz dulcificado como una promesa de ternura.

Acabó como siempre, mal pero no lo suficientemente mal como para abandonar la rutina de deshojar margaritas mentalmente, recordando una a una cada palabra dicha y valorando si eran expresiones de amor incipiente. Este proceso siempre acababa a los pocos días porque él no daba señales de vida, Marisa analizaba los tiempos de la forma más optimista posible pero los silencios eran siempre tan largos como necesitara para darse cuenta de que no había cambiado nada. Por algún motivo, ella nunca sacaba esa conclusión.

Aparta los pensamientos oscuros como si se apartara el pelo de la cara, el trayecto hasta el restaurante elegido por Javier cae bajo la influencia de un par de posts de Facebook que le han parecido especialmente motivadores, es hora de estar tan feliz como pueda.

La plaza de Chueca está muy animada, aunque sea una noche de lluvia desapacible los asiduos pululan por los alrededores de igual manera, el Mercado de San Antón aparece concurrido y Javier espera en la puerta orgulloso de haber conseguido mesa ese mismo día.

Ver a Javier esperándola con una sonrisa resulta agradable y embarazoso a la vez, le saluda con un ligero beso en los labios y evita mirarle directamente, tirita y él, inmediatamente, aprieta su cuerpo contra el suyo, nota su mejilla suave y bien rasurada, se siente bien, quizás esto sea el principio de algo.

Las mesas están suavemente iluminadas, la cristalera permite ver una fila de bonitos balcones de hierro, de cuando Madrid tenía mucho de pueblo grande, el local está envuelto en ruido de cubiertos y conversaciones y la sonrisa de Javier está llamándola. Una ensalada templada de chipirones le gusta, ¿verdad?, el deseo de seducirla le caldea el corazón, Marisa no puede ni quiere evitar que el bienestar se extienda por su cuerpo, una sonrisa feliz se instala en su cara para el resto de la cena.

Salen paseando, cogidos de la mano llegan hasta Cibeles, se cruzan con grupos de turistas jóvenes en pandilla, uno de ellos les da un iphone, quieren que les saquen una foto delante de la fuente de la diosa, a zancadas se acercan al monumento esquivando coches y allí componen la típica imagen de noche de juerga. Javier les saca varias instantáneas y ellos juntan sus cabezas alrededor para verlas, cada foto les arranca gritos en un idioma extranjero que no entienden, en inglés les dan las gracias y añaden algo más que no entienden, los chicos se dan cuenta y gritan a la vez ¡hala Madrid¡, seguros de que eso sí lo vana entender y se alejan hacia Sol.

————————————————————————————————————-

Se quedaron riendo y Marisa miró directamente a los ojos a Javier, se dejó convencer por la ternura de su mirada y, a partir de ahí, se abandonó al momento, vivir lo que se le ofrecía y devolver agradecida cada caricia. Un pequeño malestar interno pedía prudencia pero era demasiado intenso el deseo que le llegaba desde el cuerpo de él así que apenas reparó en ello y cuando terminaba la noche lo apartó por completo hasta olvidarlo, llegaba la dulce hora de intimidad, la emoción de dejar salir en crudo la ternura, de no filtrar cada palabra y utilizar el lenguaje amoroso sin barreras.

Al despertar recorrió con la mirada el apartamento de Javier, primero con temor de ver algo sucio, de mal gusto o desagradable, algo que acabara con aquella deliciosa situación. Comprobó que era una vivienda discreta, sin muchos adornos y en un estado de orden y limpieza confortable, se acercó a un portarretratos con una foto suya antigua donde posaba con su hijo, por entonces un bebé, realmente estaba guapo en esa instantánea, el bebé era rollizo y sonriente y Javier lo sujetaba de forma que se apreciaba que tenía costumbre. Tomó mentalmente nota de preguntarle por su hijo a menudo, si era la única foto que había debería ser lo más importante de su vida, por lógica. Se relajó al notar que hacía planes de futuro y aún más cuando él apareció recién duchado y quiso mirarle de la cabeza a los pies, le gustó el pelo liso y negro que aún conservaba de su color, los ojos castaños y brillantes, la nariz grande que le daba cierto aspecto de fiereza, las manos pequeñas y cuadradas. Hasta ese momento solo había sido consciente de una imagen general que no le parecía del todo mal ni del todo bien, como si hubiera algo que no cuadrara, algún elemento que desentonaba.

Los siguientes días y semanas fueron extraños, una fuerza interior despertó en el interior de Marisa y creció como un río que invadiera su vida llenándola de seguridad y calor, el tiempo transcurría más sereno. No hizo pública la relación que tenían, lo dejó para más adelante, parecía lo más sensato, demasiado apresurado dar carácter de pareja establecida, una vez acordado esto con Javier no quiso volver a pensar en ello, no quería preguntarse por un posible futuro juntos. Adoptó el papel de motor de las actividades y recorrieron inauguraciones de restaurantes, exposiciones, cines, teatros e, incluso, pasaron un fin de semana especialmente dulce en Sevilla, una ciudad a la que Marisa se sentía muy unida por lazos familiares.

Pero, siempre había un pero, por otro lado Marisa no tenía ese anhelo por su contacto que ella había sentido con anterioridad, eso estaba tan seguro como la salida del sol por el este, Javier empezaría la mañana mandando un beso y lo acabaría con otro beso con voz melosa en la noche. Además había un algo, una molestia ligera y continua, una carencia a la que no sabía ponerle nombre que, cuando se apartaba y cedía espacio, le producía una enorme alegría y el corazón se le endulzaba con las caricias y los besos que Javier en tantas ocasiones le regalaba.

Menchu, que sí estaba al corriente de la relación, le preguntó directamente si el sexo entre ellos funcionaba, era de la firme opinión de que el sexo lo cuenta todo, Marisa entre risas auténticas le había dicho que era el hombre más atento y deseoso de complacer que había encontrado. Quizás demasiado deseoso, se quedó pensando, en la íntima satisfacción que encontraba en el sexo con Koke, Koke de nuevo,

En realidad no había pasado mucho tiempo sin acordarse de él, ya sin ansiedad, porque no había nada que esperar, echaba furtivas miradas al teléfono incluso cuando salía con Javier. A veces se instalaba una pesada tristeza en ella cuando se daba cuenta de que, casi con seguridad, Koke pasaba su tiempo disfrutando de alguna belleza con muchos menos años y muchos menos quilos que ella, al menos en su imaginación así era. Sin embargo, no había matado la esperanza, al menos no totalmente, estaba segura de que algún día, aunque solo fuera de forma casual, volvería a saber de él y se permitiría rechazarle.

————————————————————————————————————-

Esta tarde de viernes Marisa cruza Madrid con el paso más rápido, quiere comprar algunas cosas porque han planeado un fin de semana en la sierra en una casa rural para ellos solos, pasa por un Intimissimi y dedica un rato largo a elegir lencería nueva, quiere que todo sea nuevo a estrenar, le va a poner toda la carne en el asador porque está llegando a la conclusión de que debe dar un paso adelante con Javier o retirarse completamente porque no van a ninguna parte. Las últimas semanas no deja de llover, de vez en cuando sale un sol radiante pero pocas horas después comienza a llover así que no tiene la expectativa de muchas actividades al aire libre, como mucho podrán dar paseos por el campo.

Ha preparado una maleta bastante más grande de lo que es de suponer para dos noches pero ha querido añadir dos vestidos de noche, uno por cena, para ponerse al final del día, uno de ellos lo compró cuando creyó que iba a pasar la noche de Fin de Año con Koke, que al final no apareció, ahora no sería la ropa de un doloroso abandono sino el vestido con el que iba a ser admirada.

Cuando llegan al chalet de El Escorial el sol luce en todo lo alto, el jardín está de un verde intenso y lleno de flores que no sabe distinguir, pasean de la mano durante horas hasta que, de nuevo, un chaparrón les obliga a ir a la casa a la carrera, cuando llegan están empapados y felices, Marisa se felicita por haber ido, nota como la ilusión le llena el pecho, creía que no iba a ocurrir nunca pero ha ocurrido. Esa noche es mágica, se aman como antes no lo habían hecho, ella está allí con todos sus sentidos, nada le distrae, la mirada de Javier le llega cargada de mensajes, cuando llega la mañana no quiere que él se levante y se enrosca en su cuerpo para dormitar entre sus brazos, un rato más, pide.

Dos días de risas, besos y caricias, Javier le abre el corazón, Marisa se emociona y le responde con tantas ternuras hay en su corazón y que no recuerda haber dejado salir en mucho tiempo. Tantas veces que tuvo que callar en el pasado, la costumbre que se había instalado en su espíritu de eliminar las emociones para que no construyeran sentimientos que, allí, no iban a germinar; todo eso había acabado, un nuevo tiempo comenzaba.

————————————————————————————————————

Javier hacía planes y ella añadía los suyos, “te enseñaré”, “te llevaré”, “compraremos”, “iremos”… La vuelta a Madrid el domingo a mediodía fue un viaje que se les hizo muy corto, tenían tantas cosas de que hablar y tanta prisa por compartir que quedaron en verse mañana mismo, lunes, algo que no era habitual más si tenían en cuenta que habían dormido muy poco ese fin de semana. Se besan sin parar en el coche aparcado a la puerta de casa de Marisa en doble fila, tienen que separarse porque oyen un claxon indignado, Marisa bromea imitando un llanto, mañana mismo hablamos, repiten los dos a la vez y varias veces seguidas.

————————————————————————————————————

Cuando Marisa se ve sola en casa es el mediodía del domingo, necesita una ducha larga y deshacer la maleta, está relajada y sola, pone Spotyfy, algo de Ed Sheran, y se mueve ágil de un sito a otro ordenando la montaña de ropa que ha sacado de la maleta, se mete largo rato en la ducha y se seca minuciosamente el pelo. Pone la tele y se queda dormida, al despertar necesita comer algo, el estómago le está pidiendo ser atendido, mira la hora en el reloj de la sala y marca las tres, le parece que ha dormido más tiempo, quizás el reloj se ha quedado sin pila. Mira la hora en el móvil y…allí está: un whatsapp de Koke, tan solo ha escrito que quiere hablar con ella y los nervios se adueñan de Marisa, no puede evitar la excitación ni la alegría. Ahora no importa lo que pase ¿verdad?, se engaña a sí misma, porque tiene una relación en la que se va a volcar,¿verdad?, acto seguido manda un mensaje ella también pero a Javier, dice sencillamente “gracias por hacerme tan feliz” y lo lee varias veces, Javier contesta de inmediato con muchos emojis de besos y corazones. Siente que ha recitado un sortilegio, ya no pasará nada si contesta a Koke, está protegida, no le gusta estar tan emocionada, no es bueno así que le contesta lacónica: “Dime”.

Acto seguido suena el teléfono, ve el nombre en la pantalla, las manos le tiemblan pero no duda en responder rápidamente. Viene a casa, prefiere hablar en persona. Sale disparada al espejo a maquillarse, de nuevo está enfrente del armario sin encontrar nada que le parezca suficientemente bueno para él.

Desde el primer saludo en la puerta tiene mariposas en el estómago que le dan una risa tonta, se siente torpe, como siempre con él, y tiene prisa por saber qué quiere decirle, dentro del pecho late la esperanza, no era muy consciente de que seguía ahí pero lo sospechaba. Koke se toma su tiempo, le sonríe y se insinúa, ella hace que no se da cuenta y no se aparta cuando empieza a acariciarla con un dedo, pocos minutos después sus cuerpos se han hecho un nudo y terminan cayendo sobre la cama. Marisa es feliz, al final sus estrategias han resultado como quería, le ha ignorado y ahí está él, entregado como nunca, pensar en Javier empieza a resultar muy incómodo.

Al llegar la noche, cuando Koke se marcha, empieza a pensar qué le va a decir a Javier, cómo va a desmontar la obra de teatro que ha interpretado estos últimos días, no consigue encontrar la forma de hacerlo sin dañarle y no la encuentra porque, probablemente, no la haya.

Se está quedando dormida cuando suena el teléfono, Javier, no tiene ganas de cogerlo, mejor será dejarlo sonar, podría haberse dormido y esa será una excusa fácil de entender, mañana hablará con él, cuando haya decidido como decir lo que tiene que decir. Una mezcla extraña de sentimientos le acompaña a dormir y la más intensa es el agradable recuerdo de esa misma cama esa misma tarde, todo lo demás importa pero menos.

———————————————————————————————————-

Koke ha seguido en contacto con ella, se sienten cómplices, al final han encontrado la forma de estar juntos, ahora ya no le produce ansiedad esperar su respuesta, recibe sus llamadas casi a diario, las suyas y las de Javier, estas no las contesta, las deja sonar, espera encontrar la fórmula mágica de romper la relación y no sentirse mal, acumula mensajes sin leer, echa un vistazo de vez en cuando, solo pregunta qué le pasa. Los mensajes y llamadas se espacian. Marisa piensa que ha entendido “¿no te han contestado? Pues eso es una respuesta”. En alguna parte de si misma encuentra este razonamiento cruel, aunque recuerda el sufrimiento que le han causado estas situaciones, eso no le hace cambiar de postura sino afianzarse más ella, al fin y al cabo son cosas que pasan, nadie tiene la culpa.

Es tarde de jueves, Koke va a recogerla al trabajo, eso no había pasado nunca pero ha llamado y, siguiendo su estilo, ha dado por hecho que a ella le parecía buena idea. Ciertamente a ella le parece la mejor de las ideas, se da cuenta de que busca su compañía con más frecuencia que antes.

Interiormente mantiene una conversación con Javier donde le explica que nunca le prometió nada, aunque no es exactamente así puede valer, también le dice que es un hombre maravilloso y que le gustaría conservar su amistad. Este diálogo se queda dentro de ella misma, no se comunica con Javier ni siquiera contestando el último mail que él le ha mandado donde le deja abierta la puerta a cualquier explicación, incluso a no dar ninguna tan solo quiere que se vuelvan a ver.

————————————————————————————————————

Esa noche, en casa, improvisa una cena con lo que hay, Menchu se ha ido al dormitorio con mala cara, ya ha dejado claro que no le gusta y que no se fía pero ella no sabe nada de nada, Koke es un hombre complejo y sofisticado y Marisa le entiende, ha aprendido a leer entre líneas y a interpretar su afecto en los pequeños detalles. Ahora mismo está escuchando sus elogios a su capacidad para comprenderlo, algo difícil y que nadie (nadie más que ella) hace.

Precisamente hoy tiene mucho interés en conocer su opinión sobre algo que ha vivido y que solo quiere contarle a ella, Marisa sonríe halagada y le escucha atentamente, cuando avanza en su relato la sonrisa se convierte en un rictus que le deja los músculos faciales tensamente contraídos, pasa la mano por su cara para cambiar la expresión a otra de serenidad igualmente falsa, que no se noten la decepción y el dolor. Le van llegando sus palabras como bofetadas, una mujer, él muy enamorado y la mujer no tanto a juzgar por el resultado aunque él está convencido de que ella sí lo está pero que tiene miedo, justamente la explicación que se había dado la propia Marisa en relación con él. Le cuenta con todo lujo de detalles las conversaciones que han mantenido, sus citas, sus salidas y, también, sus plantones, sus desaires, sus silencios.

Cuando hace una pausa en el relato Marisa decide que le cuesta demasiado mantener la expresión plácida que y que no lo va a hacer, por el contrario pregunta con el ceño fruncido porqué se lo cuenta a ella. Koke la abraza afectuoso, porque confía en su criterio, quizás ella sepa la forma de recuperar a esta mujer, incluso le enseña fotos suyas: una atractiva pelirroja con unos sencillos vaqueros que le sientan como si fuera un anuncio. Al fin y al cabo son amigos, unos amigos muy especiales, Koke sigue con sus explicaciones sobre lo que ella (se llama Fionna, incluso se muestra orgulloso de su nombre) dijo, hizo, pensó, escribió.

Marisa se siente como si hubiera recibido un golpe en el estómago y, a la vez, la necesidad de fingir que no importa, que ella juega a su juego porque, si no es así, tendría que ceder al impulso de gritar insultos y, entonces, sí que no significaría ya nada para él, ni siquiera esa amistad especial, tan solo sería una de sus conquistas abandonadas, no tendría el menor hueco en su vida.

Se asombra de sí misma cuando se pone en pie y llena de cólera le pide que se vaya en ese mismo momento, Koke le mira extrañado, no entiende nada porque esperaba consejos femeninos para seducir a su Fionna (europea y sofisticada según él) está atónito. Marisa no tiene ganas de explicarle nada, piensa que la situación se explica por si misma, si no quiere entenderlo da igual, lo importante es que se vaya ahora mismo y ella pueda componer la expresión facial que le dé la gana. Él tarda unos minutos en levantarse para irse, parece enfadado pero la mira detenidamente como si fuera la primera vez que la ve y cierra los ojos, acaba de comprender lo que está haciendo, agacha la cabeza y camina hacia la puerta, muy bajito dice “perdóname, por favor”.

Marisa no quiere perdonar, por lo menos de momento, quizás en el futuro sí lo haga, hora mismo le odia y le quiere con las mismas ganas. En un alarde de sensibilidad Koke dice “soy un gilipollas, lo siento” pero Marisa no encuentra ningún consuelo en sus disculpas y le despide con “no eres un gilipollas, somos dos gilipollas, pero no vuelvas, o vuelve si quieres, no te abriré la puerta porque no voy a colaborar contigo en hacerme daño”.

Le tiembla hasta la raíz del pelo cuando se queda sola, cualquier cosa menos compartir con Menchu el mal rato, sería peor. Coge el móvil, hay 20 mensajes de Javier, son de hace varios días y todos están sin leer hasta ahora, les echa un vistazo, él pregunta una y otra vez qué ha hecho mal y dice que si tiene que pedir disculpas por algo lo hará. Le duele la situación pero sabe que no tanto como a Javier, eso es imposible, teclea: Lo siento soy una boba, no tengo palabras. Se queda mirando la pantalla largo rato, Javier se pone en línea, las palomitas azules indican que lo ha leído, luego la foto de perfil se desvanece y Marisa rompe a llorar sin saber muy bien porqué.

 

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *