el amor de la juventud

Vuelven viejos amores

Cuando ya tenemos una edad las posibilidades de que un viejo amor vuelva al presente aumentan enormemente y escuchamos continuamente como algunas personas maduras se reencuentran con un viejo amor, una historia romántica que, en su momento, no funcionó pero que, ahora, cuando las aguas bajan más calmadas cobra otro sentido.

Hay personas que nos hacen sentir y emocionarnos siempre que las vemos, quizás tuvimos una atracción mutua muy fuerte pero no llegamos a nada o empezamos un romance que no pudo ser.  Cualquiera que fuera la causa el hecho es que esa relación, si se la puede llamar así, no se agotó y acabó por motivos distintos a la falta de afecto o de deseo.

La mayoría de nosotros hemos tenido reencuentros con viejos “amores”, vacaciones donde pasábamos los veranos en nuestra juventud, reuniones con los antiguos amigos y, a veces, solo es una llamada inesperada o un mensaje de felicitación. Sea como sea, es un momento muy excitante y con esta nimiedad se llenan, de pronto, nuestros días de ilusión. Tarde o temprano terminaremos dedicando un rato a contarle a un amigo aquella historia que pudo ser y no fue.

En muchas ocasiones no ocurre nada más allá que un agradable reencuentro que te hace consciente de que sientes mariposas en el estómago pero otras muchas veces (he escuchado un montón de historias así) es la oportunidad de ser felices y vivir una ilusión que, aunque sea antigua, está por estrenar. Entre el momento fugaz y la pareja estable ha pasado de todo con un denominador común: en general ha sido satisfactorio.

En muchos casos vivimos un corto romance que nos queda para el recuerdo y cierra años de atracción mutua, un pequeño espacio de tiempo en el que sentir el momento intensamente, sin más pretensiones. Da igual que sea un único día o varios, este tiempo es un paréntesis que se acaba en si mismo y nos hace sentir un poquito más vivos.

Hay que decir que también se da el caso de que este reencuentro se convierte en un proyecto de futuro a vivir con toda  ilusión y surge con toda naturalidad cuando se le da la oportunidad, cuando aprovechamos que sentimos que tenemos veinte años menos y actuamos como tal.

Seguro que todos tenéis a alguien que os mantiene en tensión desde que teníais veinte años y que notáis que al otro le pasa igual. El paso del tiempo no ha acabado con lo que hay entre vosotros así que ¿os habéis planteado darle una oportunidad a vuestra historia?.

Claramente estoy proponiendo un acercamiento, por supuesto si los dos estáis libres, mejor ahora que estamos de cara al verano y hay días de vacaciones, y nos podemos atrever sin miedo a cuál puede ser el resultado, nada tenemos, nada podemos perder. Estoy segura de que muchos de nosotros tenemos a alguien en mente e, incluso, lo hemos pensado alguna que otra vez.

Estoy hablando de esto precisamente porque ha resultado muy bien para muchas personas, quizás a nosotros también nos funcione. El gran aliciente es la inmensa alegría de pensar que, después de tanta vida como hemos tenido, finalmente hemos rematado, si me dejáis que lo llame así.

Vamos, que “veinte años no es nada…” cuando mantenemos la capacidad de ilusionarnos y descubrimos que con él/ella seguimos teniendo intacta la inocencia.

Hasta la próxima, un abrazo

 

 

 

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